Acabar con los cultivos de uso ilícito. Esa ha sido una de las principales metas de los gobiernos colombianos en las últimas tres décadas. Lo fue también en la negociación de paz con las Farc, en la cual se creó una estrategia para hacerlo de manera concertada con las comunidades: el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS).
En San José del Fragua, el municipio de Caquetá con más hectáreas de coca sembradas, 547 cultivadores se vincularon al programa hace tres años, pero a muchos les han incumplido lo que les prometieron si arrancaban sus matas. En la espera, algunos volvieron a cultivarlas, pero otros se resisten: saben que la coca viene acompañada de violencia en su territorio.
Acabar con los cultivos de uso ilícito. Esa ha sido una de las principales metas de los gobiernos colombianos en las últimas tres décadas. Lo fue también en la negociación de paz con las Farc, en la cual se creó una estrategia para hacerlo de manera concertada con las comunidades: el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS).
En San José del Fragua, el municipio de Caquetá con más hectáreas de coca sembradas, 547 cultivadores se vincularon al programa hace tres años, pero a muchos les han incumplido lo que les prometieron si arrancaban sus matas. En la espera, algunos volvieron a cultivarlas, pero otros se resisten: saben que la coca viene acompañada de violencia en su territorio.

Acabar con las siembras ilícitas implica enfrentarse a la mafia y los actores armados, pero también ganarse la confianza de los cultivadores. ¿Cómo avanza el PNIS en medio de esos retos?

La violencia, el control de actores armados y el abandono estatal reinan en las regiones cocaleras. Conozca los riesgos de un eventual fracaso de la estrategia de sustitución.

Aunque han sido varios los intentos por acabar con la coca, casi siempre derivan en un efecto contrario. En municipios como San José, el riesgo latente es salir del cultivo para entrar a otra actividad ilegal: la explotación de oro.